complicità

Qualcuno è complice… è complice chi vota per la cosa, è complice chiunque, dichiarandosi di sinistra, incurante e senza sprezzo del ridicolo, vota l’anticosa, che trae la sua linfa vitale proprio dalla cosa, con l’aggravante di un’elezione che nulla ha a che vedere con le assurde e illogiche beghe italiche. Quando il parlamento europeo voterà con maggioranze bulgare ulteriori passi verso il neoliberismo, contro i cittadini, contro i deboli, ne chiederò conto.

La cosa Berlusconi

JOSÉ SARAMAGO 06/06/2009

No
veo qué otro nombre le podría dar. Una cosa peligrosamente parecida a
un ser humano, una cosa que da fiestas, organiza orgías y manda en un
país llamado Italia. Esta cosa, esta enfermedad, este virus amenaza con
ser la causa de la muerte moral del país de Verdi si un vómito profundo
no consigue arrancarlo de la conciencia de los italianos antes de que
el veneno acabe corroyéndole las venas y destrozando el corazón de una
de las más ricas culturas europeas. Los valores básicos de la
convivencia humana son pisoteados todos los días por las patas viscosas
de la cosa Berlusconi que, entre sus múltiples talentos, tiene una
habilidad funambulesca para abusar de las palabras, pervirtiéndoles la
intención y el sentido, como en el caso del Polo de la Libertad, que
así se llama el partido con que asaltó el poder. Le llamé delincuente a
esta cosa y no me arrepiento. Por razones de naturaleza semántica y
social que otros podrán explicar mejor que yo, el término delincuente
tiene en Italia una carga negativa mucho más fuerte que en cualquier
otro idioma hablado en Europa. Para traducir de forma clara y
contundente lo que pienso de la cosa Berlusconi utilizo el término en
la acepción que la lengua de Dante le viene dando habitualmente, aunque
sea más que dudoso que Dante lo haya usado alguna vez. Delincuencia, en
mi portugués, significa, de acuerdo con los diccionarios y la práctica
corriente de la comunicación, “acto de cometer delitos, desobedecer
leyes o padrones morales”. La definición asienta en la cosa Berlusconi
sin una arruga, sin una tirantez, hasta el punto de parecerse más a una
segunda piel que la ropa que se pone encima. Desde hace años la cosa
Berlusconi viene cometiendo delitos de variable aunque siempre
demostrada gravedad. Para colmo, no es que desobedezca leyes sino, peor
todavía, las manda fabricar para salvaguarda de sus intereses públicos
y privados, de político, empresario y acompañante de menores, y en
cuanto a los patrones morales, ni merece la pena hablar, no hay quien
no sepa en Italia y en el mundo que la cosa Berlusconi hace mucho
tiempo que cayó en la más completa abyección. Este es el primer
ministro italiano, esta es la cosa que el pueblo italiano dos veces ha
elegido para que le sirva de modelo, este es el camino de la ruina al
que, por arrastramiento, están siendo llevados los valores de libertad
y dignidad que impregnaron la música de Verdi y la acción política de
Garibaldi, esos que hicieron de la Italia del siglo XIX, durante la
lucha por la unificación, una guía espiritual de Europa y de los
europeos. Es esto lo que la cosa Berlusconi quiere lanzar al cubo de la
basura de la Historia. ¿Lo acabarán permitiendo los italianos?

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